Si se mira a la historia de los futbolistas extranjeros que han jugado en la máxima división japonesa, se ve claramente que esta especial clasificación está dominada por jugadores sudamericanos y en particular por jugadores brasileños. Nunca ha sido un secreto la grande relación histórico-cultural entre Japón y Brasil. Esto ha simplificado todo, junto a la convicción que también jugadores de segundo nivel de la Série A brasileira podrían hacer un paso de calidad en la J1.
Seguramente va a seguir pasando, pero en los últimos 25 años el nivel de la J. League ha crecido mucho. En los años ’90 Zico, Lineker, Littbarski, Schillaci y Ramón Díaz escogieron Japón para terminar su carreras. Ahora ya no es sólo la liga donde los jugadores van a terminar su carrera profesional. Forlan y Cacau pueden confirmar este cambio de dirección, tras su aventura con Cerezo Osaka en 2014.
Muchos jugadores de valor mediano ya no piensan en Japón como una aventura esporádica. Al contrario, muchos lo ven como una ocasión para crecer y mejorar con la esperanza de volver a pisar las canchas del viejo continente.
Esto no es el caso de Andrés Iniesta y David Villa que probablemente terminaran sus carreras en la J. League como la que cerró, justo hace unos días, el “niño” Fernando Torres. Diferente es la situación de Isaac Cuenca, cuya trayectoria parece prometer mucho más.
Lo que es cierto, es que España ha vuelto a fijarse en la J. League. Si en el pasado los que se mudaban al país del sol naciente no eran mas que las estrellas, hoy en día varios españoles ven en Japón una estación importante, para dar un nuevo impulso a su carrera profesional. Pero sólo el futuro nos dirá si será positivo este cambio histórico, para los que han buscado este camino.

Había una vez
Villa, Torres e Iniesta no son los primeros jugadores españoles en jugar en la J. League. Cuando la liga era a principios de convertirse en profesional, el 1997 fue el año en que se pudo asistir al debut de un español en la J1. Tres jugadores se fueron a Japón: dos nombres importantes y el tercero de categoría inferior.
El primero fue Julio Salinas, la Bota de Oro que acababa de dejar Gijón, después una fantástica temporada. El que luego de la Eurocopa del 1996, había renunciado a la Selección Española se va a Yokohama a jugar para los Marinos, donde se enfrenta, entre otros, a los Urawa Red Diamonds de Txiki Begiristain, que también había optado terminar su carrera en Japón. El tercero, Pablo Maqueda, no tuvo grandes actuaciones en Fukuoka.
En el año siguiente, llegan dos grandes más de España: Andoni Goikoextea – el mejor jugador español de La Liga de la temporada 1991, que alcanzó Salinas en Yokohama – y Albert Tomás se marchó al Vissel Kobe y consiguió marcar su único gol en tierra japonesa en la ultima jornada de la temporada que contribuyó a un inusual 5-5 entre el club de Kansai y el JEF United Chiba. El partido terminó por penales (en aquel entonces tenían esta solución).
Además de los jugadores, también llegaron dos entrenadores. Benito Floro al Vissel Kobe y Carles Rexach a los Yokohama Flugels: así también se explican las llegadas de los jugadores españoles a Japón. Ninguno de los dos se quedó más de un año y ninguno dejó grandes recuerdos en los dos clubes.

Por años, no pasó nada. España disfrutaba de su prosperidad y nadie pensaba a la posibilidad de una experiencia en la liga japonesa, que además se estaba recuperando del “Ushinawareta Nijūnen”, una de las crisis económicas más terribles en la historia del país oriental. En la primera década de los años 2000, otros países miran con interés a la J. League.
Algo ha cambiado en la última década, para que los jugadores españoles vuelvan a Japón. Para los clubes japoneses, los extraordinarios éxitos de los equipos españoles es una fuerte motivación, pero los primeros perfiles no son brillantes: Francisco Sandaza prácticamente no jugó bajo Massimo Ficcadenti en Tokio, Miguel Pallardó fué un objeto misterioso en Nagasaki y Carlos Martínez no impresionó los aficionados del Tokyo Verdy.
Pero también hay ejemplos positivos, que a lo mejor han tenido su pequeña influencia en la llegada de las grandes estrellas. Juanma Delgado, que juega en Saitama – en el Omiya Ardija – después de haber tenido dos buenas temporadas en Nagasaki. Osmar Barba estuvo sólo seis meses en Osaka, pero sus actuaciones para Cerezo fueron muy buenas. Además no hay que olvidar a David Barral, que vivió una segunda juventud en Tokushima antes de volver a España.
Además, se pueden citar aventuras mejores. Hasta sus treinta años, Sisinio tuvo una buena carrera en España, pero en Japón – en Gifu y Tokushima – ha encontrado su consagración y también aprendió un poco del idioma local. Victor Ibáñez ha jugado menos en los últimos meses en Gifu, pero es muy querido y es el ídolo absoluto de la hinchada. También el nuevo arquero de Avispa Fukuoka, Jon Ander Serantes, que está viviendo una buena temporada en Fukuoka, espera tener la misma suerte.
Por último, pero no menos importante: los entrenadores. Ricardo Rodríguez ha cumplido un camino de desarrollo personal trabajando para el Tokushima Vortis y desea proseguir con una promoción a la primera división, mientras Miguel Ángel Lotina – cuya trayectoria pareció terminada después de trabajar con el Al-Shahania SC – encontró una segunda juventud en el Tokio Verdy.
Juanma Lillo y Lluís Carreras no han vivido ciertamente el mismo final feliz – ambos fueron despedidos antes de finalizar la temporada 2019, pero los dos tenían una tarea muy dificil de cumplir y no fue una gran sorpresa, especialmente para los que siguen la J. League con continuidad.

El futuro es una tierra extranjera
En la primera división, hay seis jugadores españoles que son la tercera nación más representada en J1, después de los históricos Brasil y Corea del Sur, al igual de Tailandia (otra historia que debemos investigar, prometido). Y no es de descartar que este número puede aumentar en el futuro, cuando otros jugadores podrían hacer el mismo camino.
¿Cuáles certezas tienen hoy? Un acuerdo de crecimiento entre J. League y La Liga, un acuerdo conveniente pora ambas partes. Equipos como Eibar y Betis, por ejemplo, tiene de repente seguidores también en Japón, mientras los clubes japoneses tienen mas facilidades para conocer de cerca una de las mejores ligas del mundo.
Dejando de lado a el Real Madrid, Atlético Madrid y Barcelona hay que tomar por ejemplo una pequeña noticia como la del acuerdo entre Deportivo Alavés y Kagoshima United FC: ¿que empuja a un equipo de La Liga, que ha vivido una increíble temporada 2018-19, a ponerse de acuerdo con un club en su cuarta temporada como equipo profesional y además, que juega en segunda división?
Una posible explicación es la oportunidad de los equipos españoles – sobretodo los de menos recursos económicos – de aumentar su fama, como ha pasado con el Eibar con el fichaje de Takashi Inui. De pronto, tienes la atención de un país entero que le gusta mirar más al exterior a lo que pasa en su proprio país. Por ejemplo cuando después de la cualificación de Sanfrecce Hiroshima a la fase de grupos de la AFC Champions League, la prensa hablaba más de la posible vuelta a Japón de Keisuke Honda.

Todavía, la corriente de los fichajes no parece pararse, con un claro cambio de dirección: ya hemos hablado de Inui y Shibasaki. En España también jugaron Daisuke Suzuki, Hiroshi Ibusuki, Sotan Tanabe, Mike Havenaar e Hiroshi Kiyotake (en España jugó sólo cuatro partidos – ¿quién sabe? su carrera podría haber sido diferente si se hubiese quedado en Sevilla…).
En los medios españoles es Japón aún tema, ya que tres grandes fichajes han marcado el verano 2019: Shinji Okazaki se unió al Almeria, Shinji Kagawa ha dejado la querida Dortmund para reiniciar desde Zaragoza y sobre todo, Takefusa Kubo ha regresado a España, para fichar con el Real Madrid y después ir a préstamo, por una temporada, al Mallorca.
Sin embargo, esta relación especial también tiene que mirarse en la otra dirección: ¿Qué caminos hay que seguir para que continue el interés español por la J. League? Los aficionados de la liga japonesa confían que existe algo más que un simple tapete rojo para los campeones españoles, porque de lo contrario se arriesga ser todo fin en sí misma. La J. League puede y debe merecer más de quince minutos de celebridad.

(translation and editing by Claudio Miele)
[…] many players and football figures who populated J. League in the last 7-8 years (in fact, we even wrote a piece in Spanish in the Summer of […]